Canicas
Estaba en el messenger chateando con uno de mis alumnos, me contaba que tenía que redactar una especie de cuento basado en un cuadro que había visto. Era un cuadro construido con canicas, un mosaico. Entonces le dije que escriba el suyo y yo escribiría el mío, y luego lo interambiaríamos. Y como que hace tiempo que no escribo nada, y para que me salga algo más o menos coherente es muy difícil, y creo que algo salió, les dejo mi historia para que la lean.
Al entrar la noche, el pequeño corría tras las luces de los carros con su franela y su sonrisa, apoyaba su carita a la luna del auto y estiraba su mano haciendo círculos sobre el parabrisa. La tenue garúa sobre el cristal hacía que cada gota minúscula de lluvia brille como sus canicas que guardaba en su bolsillo con unas pocas monedas. Aquellas canicas que eran el único recuerdo de su madre fallecida por una triste enfermedad, lo acompañaban en breves juegos en la vereda mientras esperaba el rojo del semáforo para correr nuevamente a regalar otra sonrisa y agitar su franela contra otro parabrisas a cambio de unas monedas que sirvan para que pueda tener algo que comer.El semáforo cambió a verde y el regresó a la vereda, se hincó de rodillas y sacó sus canicas, las rodó en el suelo donde la lluvia las mojó e hizo brillar con las luces de los autos. Encandilado por los destellos, se acurrucó alrededor de ellas y dormitó unos segundos.


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